Elige zapatillas o botas con buena amortiguación y suela que agarre en grava compacta. Pruébalas varios días antes, con los calcetines que usarás. Uñas cortas, cordones bien ajustados y crema antifricción evitan dramas diminutos que crecen kilómetro a kilómetro. Si aparece una molestia, para y reajusta. Un pie contento sostiene la curiosidad, el humor y la disposición a conversar cuando el bar aparece.
Una mochila de diez a quince litros suele bastar: agua, algo de comida, cortavientos, frontal, botiquín, mapas y cargador. Reparte peso alto y pegado a la espalda. Rellena cantimploras donde te indiquen. Añade bolsas reutilizables para compras locales y residuos. Un pañuelo multiusos soluciona mil detalles. Cuando todo tiene su lugar, buscar guantes o gafas deja de robarte miradas al paisaje cercano.
El tiempo cambia incluso en un mismo valle. Lleva una primera capa que seque rápido, segunda que abrigue y tercera que corte viento o lluvia ligera. Sombrero, gafas y protector solar salvan tardes. En túneles, un chaleco reflectante aumenta visibilidad. Evita prendas nuevas el gran día; confía en lo probado. Así el cuerpo olvida el equipo y la atención se posa en los viaductos.